Hace casi un año compramos, a capricho de la personita que me hace la vida feliz, el CD de “The Nightmare Revisted”, con nuevas versiones de la música de Danny Elfaman para la película “The Nightmare Before Christmas”, o “El extraño Mundo de Jack”. A partir de ese día, decidí respetar el gusto musical de los 7 años (entonces 6) de mi heroína. El disco es una selección musical de –li-ran–te que no dudo en recomendarles.
Una pieza en especial llamó mi atención, que fue la verdión de Oogie Boogie’s Song, ya que los músicos a cargo hacen una relectura de la música que se asemeja mucho al flamenco. Los autores de dicha versión son Rodrigo y Gabriela. Debido a los nombres y a lo que escuché, dí por sentando que se trataba de un dueto español o algo así. Pero, nada mejor que la ignorancia para perderse de las cosas buenas de la vida, por casualidades radiofónicas, y debido al tiempo que últimamente paso en el auto en esta ciudad, volví a escuchar este nombre en el radio y me puse a investigar:
Rodrigo y Gabriela son dos músicos mexicanos, al parecer autodidactas por difícil que esto sea de creer, que integraron un grupito metalero en México que nunca les dio para comer, y como nadie es profeta en su tierra (¡si lo sabré yo, Dios santo!), emigraron a Irlanda. Ya con los links cada quien averiguará lo que quiera acerca de estos dos virtuosos, pero me siento en la necesidad de compartir con ustedes las cuerdas de esta gente que me ha llevado al borde del delirio ante tal derroche de talento… a dúo!!!!!! Ojalá lo disfruten. Súbanle.
Buen finde.
La ropa no se lava sola; lo aprendí hace mucho pero lo olvido constantemente.
Hay que ejercitarse treinta minutos al día; pero tengo un pedazo de la voluntad extraviada entre bulto de ropa que no se lava sola.
El espacio se achica, y he de deshacerme de la ropa que mi heroína abandona cada mes; cómo desearía tener un cajón mágico donde guardar su ropa y sus etapas para que sus frases graciosas y su boca chimuela no se evaporen en el olvido.
El archivero de mi casa sufre de severa indigestión y le ha dado por vomitar papeles; yo hago acopio de entereza para limpiar su miasma, y en lugar de ordenar lo importante, me topo con los recuerdos de la vida que se fue.
Esperan por mi firma un abogado, un notario, un contador y otra serie de grises personajes de mirada hueca; debo agilizar los trámites, sólo que creo que reprobé esa asignatura hace tiempo.
Hay tres comidas que elaborar al día para tres personas bajo el mismo techo; yo sueño con elaborar platillos de aire y nubes esponjosas que no alimentarían a nadie.
Mi carro acusa mi descuido exhibiendo impune una capa de tres centímetros de polvo; si el meteorológico supiera que baste que pague una lavada para que llueva, ahorraría millones.
Me quedo en casa, y busco desesperadamente los años que dejé aquí, Por esta recurrente necedad, he encontrado recuerdos podridos debajo de la cama y en algunos cajones de esos que se abren poco. Después aparecen las alegrías en forma de golosinas exóticas y puedo volver a sonreír. Mi casa espera ser empacada en cajas, con periódicos y papel de burbujitas, que mi heroína reventará con dedos ávidos y labios mordidos… y yo no sé como empacar la v ida que se queda aquí.
Quizás sea por eso, que la inspiración tan larga que me acompaña, se dobla de a poco, se esconde detrás de los libros, y ahí, llena de polvo y una que otra telaraña, se hace la interesante y no me deja alcanzarla.
Ya estoy por acá. Ni siquiera voy a contar las peripecias que me han mantenido marginada de la blogósfrea porque algunas son muy buenas y otras no tanto, pero valga el decirles que ya me trato de reincorporar por completo. En estos días de harto carro con tráfico y reflexiones estériles, escuché en el radio un comercial patrocinado por Pronósticos para la Asistencia Pública, (un tipo de loto, lotería, sorteo, para los que no son de acá), donde se anunciaba que un ganador de 84 millones de pesos, estaba a punto de perder su oportunidad para cobrar el premio, pues sólo se cuentan con 60 días naturales para cobrar el mismo. La combinación de esta noticia con el monóxido de carbono de la Av. Patriotismo, dieron como resultado este cuanto que les ofrezco a manera de disculpa, en Escribidores y Literaturos:
...bajo el título de "El muerto al pozo". Los espero por allá. Buen inicio de semana.

Abrir los ojos le resultó especialmente difícil esa mañana. Si bien es verdad que la ciudad llevaba día amaneciendo hundida en nubes grises, esa mañana sus párpados parecían además, empapados en nubes llorosas. Había una desazón casi palpable en toda la habitación y rogaba por el silencio que el despertador estaba a escaso un minuto de romper. Durante ese tiempo, trató de dialogar con sus ojos, convenciéndolos de que encararan el día batiéndose fuertemente, pero enseguida noto que los párpados acusaban a las piernas de una pesadez insoportable, y las piernas a su vez pretendían organizar una huelga generalizada del cuerpo. El despertador sacó a todos de sus pretextos y disertaciones, y un adulto interno que había despertado hacía un poco más que los demás habitantes de su cuerpo arrastró a los párpados, las piernas y la melena opaca a la ducha. El café cumplió con su importante labor al despertar a las papilas gustativas, pero un poco de más, pues fue irremediable dar cuenta de los únicos dos roles de canela que quedaban en la alacena, aún cuando a cada mordida, trataba de destruir la culpa a mordidas: “30 segundos en tu boca, 6 meses en tus caderas.” Pero nada, no había quien detuviera ese pequeño capricho de azúcar.
Los brazos desganados no lograron vencer el desorden de la melena, y la rendición total vino después de que las pestañas decidieran permanecer mirando al piso el resto del día; así que la inspección de sí misma ante el espejo, previa a la salida de casa, de nuevo apuntaba a regresar a la cama. El deber, insoportable como mosca panteonera, zumbó en secreto las obligaciones del día, y terminó con los argumentos de aquel cuerpo cansado.
El camino al trabajo no hizo el día más confortable. Le pareció increíble la rabia que puede desatar un animal macho de esos que van al volante, y que ejerce el poder a punta de carrocería; por primera vez en el día, sintió que sus mejillas cobraban color cuando aquel cretino echó su automóvil encima del de ella, con alguna alusión machista. Agradeció no andar armada, pues la furia se desbordaba por encima de la razón. La música del radio tampoco fue un alivio, sólo oír tres notas de una vieja melodía, bastaron para anegar sus ojos en lágrimas. Todos los recuerdos vinieron de golpe como en un sueño, sin un orden cronológico coherente. Lo recordó de nuevo… a él… su voz, su piel al tacto, su aroma, y la sonrisa… toda esa sucesión para dar paso a una desbordada imaginación negativa. Se sentenció a si misma a la soledad eterna, a ser el bicho raro, ajeno al mundo que no merecería conocer la felicidad del amor… y el maldito rímel que corría en surcos espantosos por su ya de por si cansado rostro: “Si debí de haber comprado el waterproof… ¡pero todo lo hago mal!” Y esta aseveración desataba más lágrimas, más sufrimiento, al tiempo que su autoestima naufragaba. Un semáforo en rojo la invitó a volver a casa, a la seguridad de la cama, de donde nunca debió salir según ese primer instinto del día. Una voz femenina y racional en su interior la acusó de histérica. El orgullo la guió hasta la oficina con el plan de llegar directo al baño, a arreglar el desastre que exhibía sin pudor en el rostro.
Un amigable pañuelo desechable que apareció en su bolso, le dio la mínima dignidad para bajar del auto y entrar directo al baño. El espejo era demasiado grande para soportarlo. A dos manos en forma de cuenca, mojó su cara con el agua bien fría para congelar el sentimiento. Una toalla de papel para secarse con esa superficie rugosa, y los ojos medio cerrados, para dar oportunidad a un codo imbécil de tumbar la bolsa, y ver desperdigado su contenido por todo el suelo asquerosamente pulcro de la oficina. Controló el llanto apenas, decidida a no dejarse vencer por ese estado inexplicable.
Lo último que recogió de sus pertenencias fue un calendario, que le recordó que hacía 28 días se había sentido igual. Una vez que terminó de arreglarse, llegó a su escritorio y resignada, ordenó un café más y un tercer rol de canela. El día mejoró bastante.
Pa fin de semana...
Posted by Mara Jiménez in hoy tengo ganas de echar desmother, Por culpa de las noticias
La semana pasada, mis adorados Chanchos Pensantes, nos dejaron de regalito dos videos de reelaboraciones musicales muy kooltas, como ellos. Yo, que he pasado una semana un tanto cuanto infernal, por decir lo menos, y soy menos leída y escribida, los dejo con Leon Gieco, y Bersuit. No más, pa oir musiquita y volarme la idea de mis chanchitos, que seguro no se van a enojar.
Buen fin de!
Y con cariño para Mr. Carstens y Cía.
Declaración "Postural"
Posted by Mara Jiménez in de las cosas de las vidas, hoy tengo ganas de echar desmother
Como muchos de ustedes saben, desde hace unos meses pertenezco al colectivo de “Escribidores y Literaturos”, experiencia que me ha traído grandes aprendizajes y satisfacciones, partiendo del hecho de que hay gente ahí a la que admiro profundamente y también de mi convicción de que de todo el mundo se puede aprender algo. Pues bien, desde hace unos dos meses aproximadamente, han empezado a aparecer oscuros personajes, de alma retorcida algunos, de histeria manifiesta otros, o de libido frustrada los peores, que han tratado insistentemente de provocarnos, haciendo comentarios descalificativos y hasta despectivos que han ido decayendo de a poco en el plano de lo personal. No, no me estoy quejando. Tengo perfectamente claro que esos son los riesgos de este medio: Toparte con gente que escondidos bajo un pseudo, y sin decir claramente quienes son, se erigen en autoridad y juez para emitir criterios sobre nuestra trabajo que, como casi todas las críticas, están empapadas de su propia historia personal. Tiempo después de haber aparecido ene l Blog de “Escribidores…”, llegaron hasta este espacio algunos otros críticos acérrimos de mi persona, que no de mi trabajo, y ni si quiera se tomaron la molestia de usar un pseudo, sino simplemente dejando su deprimente traza, como “Anónimos”. Todo esto hay que verlo con cierta normalidad cuando uno se expone en un medio como este, pero quiero dejar clara mi posición al respecto, para que nadie pierda su tiempo, el de los lectores que amablemente visitan este espacio, y el mío, claro está.
Creo en la libertad de expresión, y me figuro que habrá quien no tenga otro espacio de intercambio, debido a las pocas habilidades que se traslucen para interrelacionarse con otros seres humanos, por lo tanto, los comentarios de tipo “anónimo” no serán borrados, aún cuando su crítica vaya enfocada más a tratar de joder que a mejor algún aspecto de lo que aquí se escribe, léase “derroche de mala leche”. Si los comentarios muestran insultos y malas palabras, serán borrados, no por mí, créanme que puedo tener boca de letrina si me da la gana, pero me parece ofensivo para los demás lectores, ya que no sé cómo piensan o cómo se sienten al respecto.
Por lo demás, no esperen respuesta. Creo firmemente en el derecho legítimo del artista a guardar silencio ante una crítica, sobre todo cuando ésta es destructiva. Ya podré encargarme de desmenuzar la basura y rescatar lo rescatable, si es que lo hay.
Parece ser que este tipo de personitas sin nombre y sin vida, tienden a replicarse como virus por el ciberespacio, pero siempre existen esos entes quienes ante el esfuerzo de la creación, retroceden y lanzan zarpazos en señal de incompetencia, así que lo mejor es no tomarlo personal… no, son ellos los que manifiestan su propio historial de frustraciones a través de dichos comentarios. Esto último lo digo porque sé que varios amigos bloggers muy queridos han sufrido de vandalismo en sus blogs recientemente. Respiren chicos. Otra vez el Quijote: “¿Ladran los perros, sancho? Señal de que avanzamos”.
Por último, dejo las palabras de Oscar Wilde, que ilustran maravillosamente lo que a mí me cuesta más trabajo decir:
*El artista es creador de belleza.
*Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte.
*El crítico es quien puede traducir de manera distinta o con nuevos materiales su impresión de la belleza.
*La forma más elevada de la crítica, y también la más rastrera, es una modalidad de autobiografía.
*Quienes descubren significados ruines en cosas hermosas están corrompidos sin ser elegantes, lo que es un defecto.
... aquel que juzga, siempre pone algo de sí en el veredicto. No todas las sentencias son justas, y algunas son eternas. Así pasa en el relato "Sentencia", que ve la luz esta lunes... si ...
en "Escribidores y Literaturos". Dénse una vuelta.
Imagen que acompaña: Cortesía de Sonia... ¡gracias Sonita! Love it!
AVISOS INOPORTUNOS
Contributors
La paranoia de este espacio...

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